MIS PRIMEROS POEMAS PUBLICADOS
En la sección "Antología Novisimos" del suplemento del periódico HOY, "Seis y siete", se publicaron algunos de mis primeros poemas.
Los que siguen fueron mis primeros versos publicados un dia de abril del año 1979. Tienen, como intruducción, un pequeño comentario:
Nací hace veinticuatro años en Casillas de Coria (Caceres). mi formación literaria y poética la he conseguido a través de mi profunda ilusión por la poesía que me ha llevado a muchas horas de lectura. Considero la poesía como una manifestación de la sensibilidad humana, como una necesidad del poeta de darse a conocer desde su interior.
O L V I D A R
Olvidar que la luna es un suspiro blanco
lanzado por tu boca al cielo de la noche,
para quedar lejano,
inmovil en mis ojos.
Olvidar que aun te queda una rosa en los labios,
donde yo aquella tarde puse un beso.
Olvidar que tu nombre tiene un sabor a música imposible
y que las amapolas buscan tu juventud entre mis manos.
Olvidar que hoy es sábado
y que esta noche tengo una cita cruel con tu recuerdo.
Olvidar que me duele una pena
en la punta del lápiz con que te escribo ahora
y que me sube por la sangre
hasta llenarme el corazón.
olvidar que aun me quedan besos para llamarte,
¡Tan nacidos del sueño!,
seria como olvidar tu propia ausencia,
irremediable ausencia
que alimenta mis párpados
y abre de par en par las puertas del suspiro;
tan lejana del fondo que abrio tu despedida
y tan profundamente oculta en mi esperanza.
PRIMAVERA EN TI
En la mañana llena de silencios,
ese viento que viene de lejanos jardines
deja caer un sonido de flores en tu falda blanca.
La estación del amor te deja el pelo suelto
donde florencen rosas y mariposas tristes
y un lirio apasionado,
el cual nació del beso que unos labios
dejaron en la tierra
para que tu lo amases.
Hoy es amor.
El cielo azul se mira en el espejo de tus ojos.
Hoy ha nacido en ti la primavera.
H O Y
Las horas de este dia
caen como gotas muertas,
como lechos lejanos de sonidos oscuros.
Mis palabras se tienden en las negras distancias
hasta nevar la noche
de puertas a la aurora.
Un estremecimiento de flores enlutadas
encadenan, en vano, los relojes,
que se suicidan por el largo abismo,
infinito,
del tiempo.

