Poesia en la piedra
Por el arco generoso de la puerta de San Francisco, la historia, como reflejo bullicioso del pasado en las aguas serenas del presente, invita al poeta viajero al recuerdo, a la creación, a la palabra de piedra y silencio. Verso buscador de aromas y paisajes en las manos aladas de la metáfora.
La Cava, intima, acogedora, familiar de rincones y sombras, proyecta la flecha de piedra del Castillo hacia el cielo gris, de niebla alada y el poeta viajero descubre soledades, pariendo versos de sombra y luz en las esquinas del tiempo y la memoria.
El poeta viajero contempla, como imagen de pueblo añejo, de estampa antigua entrañablemente ajada por el tiempo, en color de otoño eterno, la longitud domestica de la Rua de los Paños, soledad y silencio, vereda urbana, equilibrio ondulante de luces y sombras, senda salpicada de puertas y balcones, calle familiar estructurada en ademan de abrazo.
Y en este perfil otoñal, la palabra deja su tacto en la piedra, y de ese instante brota el poema, aromando el silencio.
El poeta viajero cruza en silencio las Cuatro Calles hacia la Catedral; mochila de versos y rosas en bandolera de callados vientos
A la vista serena, contemplativa de emociones, del poeta viajero, la Catedral invade el silencio del verso para inundar el aire del poema de palabras, de paisajes de piedra, de rumores de hábitos en diligentes roces dirigiéndose hacia la esbelta Puerta del Evangelio.
Atendiendo obediente al recuerdo vivo de la memoria histórica, el poeta entra en la Catedral y un sonoro abanico de ecos y sonidos llena el extenso espacio sacro de la nave. Las palabras en latín de las misas y los actos religiosos del día. Las voces cristalinas de los seises ascendiendo a las cúpulas como blancas palomas musicales El marco sonoro y solemne de los órganos llenando el espacio de caballos alados, todo se hace presente en el recuerdo vibrante de la historia.
Pero es momento es de comprobar que el aroma lejano del pasado se refleja en los ecos sonoros del presente. Momento actual de transformación histórica reservado a la contemplación del viajero poeta.
Coincide su visita al Templo con la celebración de una Solemne Pontifical y allí esta la música vibrante del órgano, sabia y diestramente hilvanada por las hábiles manos del alma musical del Organista de la S. I. Catedral José Delgado Allí esta la esbelta polifonía de la Coral Cauriense, cuyas voces, armonizadas, llevadas por el vuelo musical de las manos de José Delgado, se elevan aladas en abrazo de unión hacia el cielo de piedra, desde el histórico Coro Catedralicio en bellos ecos y hermosas resonancias envueltas en las notas del incomparable Panis Angelicus de Cesar Franz
Saliendo por la Puerta del Perdón, el poeta viajero contempla una nueva mañana en la hora del angelus. El aliento de Dios ya no cubre el paisaje y su ausencia da paso a un cielo azul, radiante de sol. Desde el mirador, el poeta descubre la extensión de la Vega, con la empedrada Barrera del Cubo en primer plano, mas allá el Puente de Piedra sobre el antiguo cauce del río, poblado de fértiles tierras de cultivo, a continuación el Paseo de la Isla, junto al río Alagón, que pasa orgulloso, silencioso, bajo el Puente de Hierro para ir alegrando su cauce por los vericuetos fluviales del Tamujal.
Al poeta viajero le gustaría pasar esta noche de hoy, serena, de otoño, en una acogedora y modesta habitación, junto a las piedras históricas de esta ciudad antigua, salir de la noche temprano al alba y contemplar el amanecer de esta Vega hermosa y el eco silencioso de estas piedras milenarias donde la historia encuentra su cauce para perpetuar las orillas del tiempo
Dar cobijo al viajero, al poeta, que busca días de piedra y de historia, Dar estancia de abrazo al viajero poeta para ofrecerle nuevos amaneceres, nuevos días de ecos sonoros del tiempo, de emocionada contemplación, en cuyo tacto brotará, como amanecer en luz de otoño, la fuente perfumada y serena de la poesía.






